Y el pollo salvó el día

Siempre he sentido una especie de animadversión contra las botargas. No puedo ver una sin sentir, de inmediato, la necesidad de avalanzarme contra ella y tirarla al piso, o ponerle el pie o, al menos, darle un zape bien acomodado. Sobre todo si se trata de una botarga del Dr. Simi. Pero quiero aclarar: nunca lo he hecho.

Ahora llega esta información hasta nuestra base de operaciones: en Bahía Blanca, una población cercana a Buenos Aires, un sujeto se vistió de pollo y luego se vistió de héroe. Resulta que el susodicho trabajaba como botarga afuera de un restaurante especializado en pollo, cuando sorprendió a un presunto asaltacoches. Al verse descubierto, el delincuente echó a correr, pero no contaba con que el ahora llamado Pollo Justiciero iba a ir tras él para echarle el ala encima. Lo alcanzó, lo sometió y lo entregó a la policía. Suponemos que este es un ejemplo de algo que podríamos llamar justicia aviar.

Y una vez más, todo está bajo control gracias a… El Pollo Justiciero.

Cuídense malosos, llegó el Pollo Justiciero
Cuídense malosos, llegó el Pollo Justiciero
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