La fe… ¿salva?

Desde hace varios años los asuntos religiosos no se le dan al Turco Viejo. Las razones no las vamos a exponer aquí —sólo aclararemos que ningún cura violó o toqueteó al susodicho—, pero no dejan de llamarnos la atención noticias como ésta que traemos para ustedes.

En Wisconsin viven Dale y Leilani Neumann, que tenían una niña de once años. La pequeña estaba enferma: tenía diabetes. Sabio que es, su padre optó por la elegir la opción más insensata de todas las que tenía: en lugar de ir al médico… se puso a rezar. “Si hubiera ido al médico, lo habría colocado por encima de Dios”, dijo el santo padre, quien realizó estudios para ser pastor de la Iglesia Evangélica Pentecostal. La niña murió en marzo de 2008 por complicaciones, mientras un grupo de personas oraba por su recuperación. Todo porque el padre creía que dios, y nadie más, curaría a su hija.

Por si fuera poco, el abogado de Dale quiere apelar el fallo porque afirma que el padre, al estar convencido de que su fe estaba curando a su niña, no puede ser acusado de ningún crimen. Nosotros, para llevarle la contraria al leguleyo, sentenciamos que no sólo deben de encarcelar al señor y la señora Neumann, sino empalarlos y luego ponerlos a rezar para ver si la mano de dios baja a desempalarlos.

Fanatismo religioso

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