Harry Potter and the half-blood prince

Mientras una parte de la ciudad de Guadalajara estaba desquiciada por la visita de Calderón, Obama y Harper, el Turco Viejo tuvo, por fin, oportunidad de darse una vuelta al cine para ver Harry Potter y el príncipe mestizo, sexta entrega de la saga del niño mago. La ida a la sala se había postergado por una sola razón: las salas llenas apestan. Y aunque el lugar en cuestión no estaba precisamente vacío, la cantidad de gente reunida no excedió los parámetros de la decencia.

Antes de agarrar vuelo, debemos aclarar una cosa: somos enemigos del spoiler. Sin embargo, dadas las circunstancias, es imposible hacer un comentario de la película sin caer en la tentación de verla bajo la perspectiva del resto de la historia (o sea, la entrega siete que, ya dijeron, estará dividida en dos películas). Por esta razón, si ustedes no quieren enterarse de algunas minucias, agradecemos su visita. Si les vale madre este tipo de cosas y no les importan, pueden seguir leyendo. Para más seña, los spoilers comienzan después de la segunda foto.

Daniel Radcliffe y Ema Watson en sus papeles de Potter y Hermione Granger
Daniel Radcliffe y Ema Watson en sus papeles de Potter y Hermione Granger

Dicho lo anterior, es menester decir que la sexta película dejó al Turco Viejo con un ambiguo sabor de boca: se debate entre el fundamentalismo islámico que clama por fidelidad a las páginas y el libertino de manga ancha que ve con buenos ojos las licencias que se tomaron para la película. En otras palabras: Harry Potter y el principe mestizo nos pareció una buena entrega que, sin embargo, dejó en el aire una serie de cosas que desde el mismo domingo nos pregúntamos cómo cuernos le van a hacer para resolverlas en las siguientes dos entregas. Pero ya lo dijo Jack el Destripador: vamos por partes.

Harry Potter  y el príncipe mestizo es, desde la perspectiva desenfocada del Turco, uno de los mejores libros de la saga —junto con El prisionero de Azkaban y El cáliz de fuego. ¿Por qué? Porque permite conocer a fondo al antagonista de la historia, desde que era el huérfano Tom Riddle hasta su ascenso como Lord Voldemort. En ese sentido, creemos que se descuidó un poco (¿o un mucho?) la historia del Señor Tenebroso. Sin embargo, casi podríamos considerarlo una pecata minuta al ver como un todo la versión que nos ofreció David Yates: una entrega visualmente más oscura que da suficiente espacio a los conflictos de adolescencia de los protagonistas. He leído por ahí que a muchos les molestó que Ron apareciera como un orate casi toda la película. Eso es síntoma de dos cosas: o esa gente no ha leído el libro o no sabe que todos, a los 16 años, somos orates. Eso, más las libertades hormonales que se toman otros habitantes de Hogwarts, nos hace caer en la cuenta de un hecho que J.K. Rowling supo manejar muy bien desde el principio de la saga: el crecimiento de sus personajes y sus cambios de niños de once años a adolescentes calenturientos.

Tom Sorvolo Riddley justo antes de enterarse que es un magazo, como Beto el Boticario
Tom Riddle justo antes de enterarse que es un magazo, como Beto el Boticario

Sin embargo —alerta: comienzan los spoilers—, el descuido de la historia de Lord Voldemort desencadena una serie de omisiones que no sabemos cómo se van a resolver en las siguientes cintas. Y es que durante los encuentros privados entre Dumbledore y Harry se comienza a esbozar lo que, a la postre, derivará en la búsqueda de los otros horrocruxes. Por ejemplo, en uno de los recuerdos por los que viaja Harry conocemos los antecendes familiares de Voldemort y aparecen el guardapelo y el anillo de los Peverell, pertenecientes a Slytherin, que después Voldemort robaría para convertirlos en horrocruxes. Esto, reconocemos, sí es un vil capricho de fan. Pero deja de serlo (o al menos se matiza) cuando nos damos cuenta que los guionistas deciden no poner un recuerdo más, donde Riddle se encuentra el ya citado guardapelo y, también, la copa de Hufflepuff —a partir de ahí, especula Dumbledore, se marca la línea de investigación: hay que buscar otras reliquias de los fundadores de Hogwarts porque seguramente el Señor Tenebroso las usó para convertirlas en horrocruxes.  Así, la película cierra dejando a Potter sin pistas para comenzar su búsqueda.

Podríamos creer que esto se enmendará en la siguiente película —de hecho, esperamos que así sea—, aunque resulta un tanto cuanto difícil: Dumbledore ha muerto y es él quién poseía los recuerdos en cuestión. Y caemos en otra omisión: no vimos los funerales del director de Hogwarts, que tienen algo de importancia de cara a la historia de las reliquias de la muerte, tema central del siguiente libro. Aquí damos un voto de confianza y suponemos que será ese (el funeral) el punto de partida de la siguiente entrega.

Bellatrix Lestrange ataca La Madriguera
Bellatrix Lestrange ataca La Madriguera

Otra omisión que consideramos grave es la no referencia a la diadema de Ravenclaw. En el libro esto ocurre cuando Potter trata de esconder el libro del príncipe mestizo después de recetarle el sectumsempra a Malfoy. En el volumen parece una escena anecdótica, que luego cobra relevancia cuando, buscando los horrocruxes, Harry recuerda haber visto la diadema escondida en el castillo de Hogwarts (¿quién la escondió?: Voldemort, en una visita que también fue suprimida de esta película). Así, el joven mago se ha quedado, de pronto, sin una sola pista para iniciar su búsqueda. Ya no diremos nada —bueno, sí, un poco— del ataque de Bellatrix Lestrange y Fenrir Greyback a La Madriguera (la casa de los Weasley) porque nos pareció una licencia muy bien trabajada aunque se adelantó: ¿ahora dónde se va esconder Potter el siguiente verano, si ya ni la casucha de los pelirrojos es segura?

En fin. Repito: lo anterior sólo es producto de la pelea generada por el fundamentalista que todos llevamos dentro. La película está buena, sabrosa, como para volver a verla. Y no nos queda más que darle el voto de confianza a Yates para ver cómo resuelve estos pequeños puntos que, al menos aquí, se consideran claves.

Si no han visto la película, vayan. Y si la quieren comentar, pues ya saben dónde.

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