Del Toro vampírico

Una de las figuras más socorridas cuando de literatura de terror se trata es, sin duda, la del vampiro. Junto con los zombies y los hombres lobo, el mito de estos seres nocturnos que huyen de la luz solar y se alimentan de sangre ha sido usado, recurrentemente, por diversos escritores. La creación más célebre en ese sentido es, sin duda, el conde Drácula, creado en 1897 por Bram Stoker. El escritor irlandés tomó la historia de Vlad Tepes El Empalador (Rumania, 1428-1476) para crear un personaje que, gracias al cine, ocupa un lugar preferencial en el ideario colectivo.

Y cuando uno cree que ya se ha escrito demasiado sobre vampiros, siempre aparece alguien que retoma el tema y lo coloca en las estanterías. Ejemplo simple y rápido: Stephanie Meyer con su saga Crepúsculo. En ese contexto, hace unos meses apareció Nocturna, primera novela de Guillermo del Toro y que representa el primer episodio de lo que se anuncia como una trilogía dedicada a la oscuridad. La historia, se ha dicho, nació en la cabeza del cineasta y creció y creció tanto que casi se volvió una misión imposible. Así, el creador de El laberinto del fauno, Mimic y Cronos decidió apoyarse en Chuck Hogan, escritor estadunidense especialista en novelas policiacas, de esas que están concebidas y escritas para ser best sellers inmediatos. Y si bien el puro nombre Del Toro ya era garantía de venta, el éxito de Nocturna va más allá.

Nocturna, de Guillermo del Toro/Chuck Hogan

La historia comienza en el aeropuerto JFK de Nueva York. Un avión procedente de Berlín aterriza sin problemas pero, inexplicablemente, en cuanto toca piso pierde contacto con la torre de control. Cuando por fin logran entrar al avión, las autoridades se dan cuenta de que todos los pasajeros —excepto cuatro— están muertos. En ese punto la mancuerna Del Toro-Hogan echa mano de uno de los temas que, sin duda, se han vuelto el pan de cada día en Estados Unidos: el pánico al terrorismo y a un ataque biológico. Porque la primera línea de investigación tiene que ver con un virus. Así, el doctor Ephraim Goodwater y su asistente, Nora, comienzan a investigar una serie de síntomas inexplicables, como el inexistente proceso de corrupción del cuerpo y las cicatrices casi invisibles que tienen todos los que iban en el avión. Al mismo tiempo se presenta la historia de Abraham Setrakian, judío sobreviviente de Treblinka que tiene la explicación a lo que está sucediendo: un vampiro poderoso, que se apoderó del cuerpo del noble Josef Sardu, ha llegado a Norteamérica para desatar una guerra no sólo contra los humanos, sino contra otros de su especie.

Para entrarle a Nocturna hay que tener clara una cosa: estos vampiros no son unos adolescentes calenturientos. No tienen conflictos existenciales a causa del amor ni quieren convivir armónicamente con los humanos. Son malvados y sólo quieren una cosa: beber sangre. Para hacerlo tampoco recurren a afilados colmillos, sino a toda una estructura fisonómica que va cambiando la composición corporal de los que son infectados. En ese sentido, el mito del vampiro se reivindica ante el lector después de las versiones light y edulcoradas de Stephanie Meyer. El vampirismo ideado por Del Toro tiene que ver más con un asunto parasitario que con posesiones satánicas o cosas por el estilo. Por eso tampoco sirven los crucifijos ni el agua bendita. Aquí el vampirismo es una plaga. Y está fuera de control.

Guillermo del Toro

En el trasfondo aparecen otros temas como el de las familias desunidas, las peleas por la patria potestad de los hijos, la discriminación contra los migrantes, las secuelas que dejó el 11-S en Nueva York. Todos esos elementos son mezclados por Guillermo del Toro y Chuck Hogan y es difícil saber quién aportó qué. Pero es menester destacar que, si bien la narrativa se asemeja demasiado a los best sellers gringos, también es claro que la mano cinematográfica de Del Toro está presente en todo el libro. Ambientes y personajes remiten, una y otra vez, a las cosas a las que el realizador tiene acostumbrados a los seguidores de su cinematografía.

Al terminar de leer el libro es casi imposible resistirse a pedir una versión cinematográfica. Pero luego aparece la agenda de Del Toro —con El hobbit y Frankenstein como dos grandes promesas— y se cae en la cuenta de que tendrá que pasar mucho, mucho tiempo para que esto pueda ocurrir. Y entonces no queda más que esperar. Porque, hay que recordar, Nocturna es apenas el primer capítulo.

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3 comentarios en “Del Toro vampírico

    1. El agradecimiento es para ti, por llegar a este espacio y hurgar en él. Si algo fue de provecho, pues tanto mejor.

      De nuevo, gracias.

      TV.

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