Crucificado con tres clavos

Alguien por ahí lo dijo alguna vez: “Todo está consumado”. La frase viene a colación porque, a partir de hoy, usar el transporte público en la zona metropolitana de Guadalajara cuesta seis pesos. ¿Los camiones son mejores? No. ¿El servicio es más eficiente? No. ¿Hay garantías de que vayan a serlo con el aumento? La respuesta, ya se sabe, es no. Y, sin embargo, el aumento está consumado.

La frase que abre este texto la dijo un nazareno que, colgado de tres clavos, agonizaba en un madero. Y, más o menos igual, los usuarios del transporte público están crucificados por tres clavos que los tienen en permanente agonía: el mal servicio de los transportistas, las eternas promesas de mejorar el servicio y la ineficiencia de las autoridades para meter en cintura a los concesionarios. Algo que se padece dos, tres o cuatro veces al día.

El aumento entra en vigor hoy. Foto: Giorgio Viera

Cada vez que los transportistas piden un “necesario” aumento a la tarifa la pregunta no es si se los darán, sino cuándo. Porque, ya se sabe, si alguien osa decirles que no entonces amenazan con suspender el “servicio” y colapsar la ciudad. Y como los gobiernos —municipales y estatal— no tienen los medios (¿ni los pantalones?) para plantar cara y sacar adelante la crisis que ocasionaría la suspensión, entonces se vuelve cuestión de días para que el aumento se consume. A lo más que ha llegado el gobierno es a otorgar un subsidio que, miren por dónde, terminamos pagando con nuestros impuestos, porque salió del erario.

Lo que los usuarios digan no tiene la menor importancia. Vamos, ni siquiera hay mecanismos de consulta para que la gente, los verdaderos afectados, opinen sobre el asunto. El plebiscito y otras vías para dar voz a la ciudadanía son recursos de los que las autoridades huyen como de la peste para beneplácito de los camioneros, que siguen sin renovar el parque vehicular ni aceptar requisitos mínimos como las famosas (y polémicas) tarjetas de prepago.

El principal argumento, para variar, es el aumento al precio de los combustibles. Pero todo es cuestión de buscar alternativas. Ejemplo: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: 143 camiones obsoletos fueron sustituidos por unidades nuevas que para su funcionamiento usan biodiesel, que es más barato. ¿Consecuencia? La tarifa bajó 50 centavos. Plus: el combustible es producido por los campesinos chiapanecos, por lo que también, indirectamente, se beneficiará al campo.

El aumento al transporte de por acá está peor enmarcado que nunca: en enero, a mitad de un alza generalizada de precios y con un aumento al salario que más que reconfortar invita a la depresión o a la risa loca. Y mientras, los accidentes continúan porque los choferes siguen fumando o hablando por teléfono (o ambas a la vez) mientras “conducen”. Los concesionarios se quejan porque el aumento no será suficiente (nunca lo es). Los usuarios, por su parte, siguen crucificados en una esquina, con la mano levantada y viendo cómo su camión se va porque, qué caray, no se le dio la gana al chofer hacer la parada.

Uno de los tantos accidentes protagonizados por un camión en Guadalajara, Jalisco, México. Foto: Rodolfo Madrigal
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