No me odies por ser bonita

Debrahlee Lorenzana en una foto del New York Post

La frase que encabeza este post parece ser la premisa que, desde la semana pasada, rige los pasos y acciones de la señorita Debrahlee Lorenzana. Y es que, miren nada más, a la gente Citibank le pareció que la fémina tenía atributos demasiado contundentes para estar en cualquier otro lugar, menos detrás de uno de sus escritorios. Así, decidieron despedirla, literalmente, nomás por su bonita cara (y bueno, también por todo lo que hay debajo de su bonita cara).

Lorenzana es hija de padre italiano y madre puertorriqueña (menuda combinación). Tiene 33 años y, como a toda mujer occidentalizada, pues le gusta arreglarse para ir a trabajar. Y como toda mujer bien proporcionada, le gusta enseñar, moderadamente,  lo que tiene. Pues bien, en Citibank algún directivo calenturiento decidió que era demasiado, así que decidió, primero, darle una lista con la ropa que no debía ponerse (so riesgo de que él se imaginara cómo se la quitaba). Como no accedió, entonces optó por correrla para no tener ahí enfrente la tentación diabólica.

Sin embargo, miss Lorenzana ha comentado que sus jefes le pidieron “moderara” su vestuario porque sus compañeros (y también los jefes, de pasadita) no podían concentrarse en su trabajo. Cuando la chica contraargumentó diciendo que otras compañeras se vestían más o menos igual, la respuesta fue de antología: “Dijeron que sus cuerpos eran diferentes del mío, y yo llamaba demasiado la atención”.

Lo peor de todo es que ahora, luego de ser corrida de Citigroup —contra quien inició todo un litigio, como corresponde a cualquier estadounidense—  su nuevo trabajo también está en peligro porque, dicen sus nuevos jefes, su caso está causando demasiado revuelo. Cosas de esta vida.

Ustedes, amables lectores… ¿hubieran corrido a la señorita Debrahlee Lorenzana o, por el contrario, hubieran hecho fila para que los atendiera?

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9 comentarios en “No me odies por ser bonita

    1. Aquí pensamos que, más que un gusto, sería todo un placer. Pero ya ve cómo son los pinches gringos de mochos de clóset.

      En fin. Saludos.

      TV.

  1. Soy una presumida al decir “yo la entiendo”, pero es verdad.

    Hace unos años viajé al Caribe con un grupo de amigos de mi madre, y dos de las doñas más feas (y de mi edad) se me acercaron para pedirme que me pusiera una blusa que tapara mis frondosidades. Obviamente no lo hice, pinches viejas amargadas y envidiosas. ¡Me veía genial en bikini, carajo!

    Saludos a todas las chamacas guapas que pasan por este genial blog.

  2. Sabes? eso está pasando en un sitio donde trabajo. Nos han endosado en una especie de oficio y hasta por correo un listado de prendas “admitidas”

    Parece increible que quieran controlar .. supongo que la libertad de elegir que vestir también lo da tu criterio. si trabaja uno puede ir formal sin miras a mas.

    pero claro… aqui las leyes valen sombrero
    ahora resulta. Jefes…·”$%&/ eros.

    atte jo en cueros
    es que ya llegué de trabajar

    1. Eso de echarle la bronca a las compañeras de las parafilias personales está cabrón. Aquí por eso defendemos la libertad de prenda.

      Además con este calor, con mayor razón.

      TV

  3. “Pero qué estúpidos, ¿cómo que la corrieron?, ¿por qué dejan ir a semejante mujer? Díganle que venga a la Dirección, que de antemano ya está contratada y que además ya tiene aumento de sueldo (vacaciones todavía no porque queremos verla aquí)”, dicen que dijo el acomedido Director.

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