Los medios y el narco

Una voz se escucha. No tiene micrófono, por eso se oye lejana. Tampoco es indispensable que se escuche a la perfección, porque la dueña de esa voz —sí, es una mujer— no es la protagonista. El reflector está puesto sobre el sujeto que, delante de la cámara, debe responder. Él es el protagonista. No se trata de alguien guapo ni está en las pantallas de televisión por ser una celebridad. Quizá —y sólo quizá— en otro contexto su apodo movería a la risa. Pero no, no es el caso. La voz lejana —sí, la de la mujer— pregunta algo del tipo: “¿Cómo eligen las bardas? ¿Deben estar en alguna avenida, alguna calle importante?”. El sujeto —sí, el protagonista— responde palabras más, palabras menos: “No. No es necesario. Se pinta cualquier barda y ya los medios se encargan de hacerle difusión”.

El que habla es Jesús Acosta Guerrero, presunto líder operativo del grupo conocido como La Línea. Le dicen El 35 y ha entrado varias veces a la cárcel en Ciudad Juárez, ahí donde opera el grupo al que —siempre presuntamente— pertenece. Pero ninguna de sus detenciones ha sido tan explosiva como ésta, literalmente: luego de que El 35 cayera en manos de la Policía Federal, un comando —sí, también presuntamente— hizo lo que, hasta ahora, nadie había hecho: cargó un carro con explosivos, tendieron un señuelo a la policía y, cuando ésta hizo acto de presencia en el lugar indicado, se activó un dispositivo. Explosión. El debut de los coches bomba en México. Con dedicatoria a los que se aferran en decir que aquí no hay terrorismo.

Además de las reflexiones que puede generar el hecho —y que ya han estado circulando a lo largo de la semana—, me llama la atención la declaración del 35, quien presenta una postal clara de cómo conciben los cárteles de la droga a los medios de comunicación: agentes de publicidad. Y, lo mejor de todo, publicidad gratuita. No importa qué tan simple (una lona, una barda) o sanguinario (un cuerpo torturado) sea el soporte: los medios están ahí, con la inmediatez que dictan los tiempos, para subir las fotos a sus portales web o poner las imágenes en primera plana o en cadena nacional. Mensaje entregado en espacio preferencial, ese que ningún anunciante podrá soñar jamás.

Muchos lectores de diarios escriben a las redacciones para quejarse por la publicación de fotos que antaño eran derecho exclusivo —o parecían serlo— de Alarma!. La pregunta está ahí: ¿Cómo hacer para no convertirse en los mensajeros del narco? Nadie lo sabe. El morbo, ya se sabe, vende. Y una foto morbosa en portada significa ventas, en los teasers del noticiero puede traducirse en puntos de rating. ¿Qué pasaría si se dejaran de difundir las fotos de las narcomantas y los narcomensajes —ah, la narcocultura y su narcolenguaje— cada que éstos aparecen? Seguramente habría voces que se alzarían para denunciar que los medios están tratando de ocultar la Verdad y la Realidad —así, con mayúsculas. Menudo dilema.

Los narcomensajes, al igual que los video y audioescándalos, deberían ser un buen pretexto para reflexionar el nuevo papel de los medios de comunicación, que cada vez con más frecuencia caen en la práctica que tanto critican de las redes sociales: transmitir los mensajes como van, sin filtro, todo con tal atraer lectores, televidentes y radioescuchas. ¿Cómo parar esta dinámica? Misterio.

La declaración a la que se refiere el texto aparece a partir del minuto 1:05.

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2 comentarios en “Los medios y el narco

  1. De miedo, pánico, terror la situación del país.
    Mañana comento más al respecto, este es un tema que sin duda invita a la reflexión y el análisis profundo.

    Saludos!

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