Los maices de don Juan

Fragmento del cartón de Falcón publicado el 20 de agosto en Público

Y ahí está otra vez. Su cara se ve en los noticiarios e impresa en los periódicos. Sus palabras se replican en los medios de papel, Internet las multiplica a la N potencia, hacen eco en la radio y la televisión. Las redes sociales hierven. De nueva cuenta, Juan Sandoval Íñiguez vuelve a ser noticia, pero no precisamente por su buena labor al frente de la parte de la Iglesia que le encomendaron, sino por abrir la boca así como le gusta: impunemente.

Los dichos de Sandoval Íñiguez a propósito de la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación —en el sentido de declarar constitucionales los matrimonios homosexuales— son, por donde se los vea, una cosa grave. Investido por ese fuero implícito que le confiere la sotana —y que todavía muchos nos preguntamos por qué sigue existiendo— Juan Sandoval acusó a Marcelo Ebrard de maicear a la Suprema. Y no sólo eso: de aventar los sobornos con dinero extranjero. Todo, ya se sabe, como parte de ese complot internacional en contra de la Iglesia y la familia y los valores y todo eso.

La gravedad no radica en el hecho de que los acusados sean el también llamado Carnal Marcelo y la SCJN, sino en la acusación como tal. La cosa sería igual si fuera a la inversa. Cierto: Sandoval Íñiguez está en todo su derecho de defender sus creencias —mas no de imponerlas, aunque quiera—, tanto como Ebrard de hacerlo con las suyas. Eso es la libertad de expresión. Lo que no es libertad de expresión es llegar, acusar a alguien de vendido y guardarse las presuntas pruebas. Al hacerlo, puso en entredicho la probidad de la Suprema —que tampoco es mucha: todas las instituciones del país arrastran su pasado.

Como dijo, el jefe de gobierno de la ciudad de México presentó una denuncia. Y ahora sí, Juan Sandoval va a tener que mostrar esas pruebas que dijo tener. Si lo hace, bien por él: pondrá en su lugar al Carnal y, posiblemente, propiciará una limpia en la SCJN. Si no, tanto mejor: mostrará lo que queda de su calidad moral, ya bastante mermada luego de la defensa enardecida que hizo de Marcial Maciel y su reciente cambio de opinión al tacharlo como loco esquizofrénico.

Prácticamente desde su fundación, la Iglesia católica —como institución, se aclara por obvio— padece un severo delirio de persecución. Señalados por los judíos, acorralados por los romanos, se cobraron con ganas cuando Teodosio le dio la vuelta a la tortilla e hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano. Mil y tantos años después, desde hace rato vienen acusando una conspiración internacional para acabar con ella. Será la voz de su conciencia: se niegan a aceptar que quienes la están acabando están dentro: se apellidan Maciel, patrono de los curas pederastas —que no son todos, también se aclara—, y también Rivera, Sandoval, Zepeda, Valdemar y un largo etcétera.

Lo peor que puede pasar es lo que, lamentablemente, se prevé que pase: nada. Que las autoridades involucradas hagan desidia y apelen a lo que mejor nos sale a los mexicanos: la desmemoria. Finalmente, hay un cura —bastante poderoso, por cierto— de por medio. También puede ocurrir que Marcelo Ebrard aproveche y guarde este episodio como una valiosa moneda que pueda cambiar en un futuro no muy lejano: 2012. O puede pasar que Sandoval gane. Ya se verá de qué costal salen más maices.

Como colofón: es de llamar la atención que, para dar por zanjado el tema, Sandoval Íñiguez haya decidido parafrasear a Poncio Pilato: “Lo dicho, dicho está”, dijo Sandoval. ¿Cómo ahí qué?

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2 comentarios en “Los maices de don Juan

  1. Lamento coincidir con vos, Turco.
    Pienso que esto sólo fue una llamarada de petate, un circo mediático que lo único que ha conseguido es aumentarles la fama a los involucrados (conste que no dije “mala” ni “buena” fama, ¿vale?).
    A mí últimamente me cae mal Marcelo, la verdad es que está haciendo del DF un lugar mucho más caótico y conflictivo, al menos en materia de vialidad… Tal parece que lo que quisiera es dejar la Ciudad en manos azules (¡Dios guarde la hora!)… Pero bueno, eso es harina de otro costal, así que a lo que me truje: yo creo que el tal cardenal se fue de lengua, y que no tiene pruebas de su dicho… y por tanto, Ebrard va a tener un as bajo la manga al cobrarse esta afrenta.

    Ni modo. En este México nuestro, lo impensable siempre ocurre.
    Saludos, Turcazo.

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