La otra colombianización

En 2007, Colombia hizo acto de presencia en la ciudad. El país suramericano repetía como invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, convirtiéndose así en el primer país en recibir la invitación de parte del encuentro librero. En aquel entonces, los representantes del gobierno que integraron la delegación repitieron hasta el cansancio, e incluso más, que querían mostrar una nueva cara de Colombia. Una alejada del narco y la violencia, de la guerrilla, los secuestros y las bombas. “Creo que ya el mundo entero conoce muy bien esa otra Colombia, la sangrienta, la violenta, la que están relatando o relataron, porque yo creo que eso es el pasado”, dijo en alguna entrevista la funcionaria Elvira Cuervo. Lo importante, señalaron, era mostrar el otro lado: la Colombia diversa y rica culturalmente hablando. Algo lograron.

Traigo la anécdota a colación por dos noticias que, en mayor o menor medida, han dado de qué hablar en la semana: el conflicto entre la UdeG y el gobierno estatal y el plan de Felipe Calderón para recortar, por cuarto año consecutivo, el presupuesto al subsector Cultura para 2011. Si para 2010 se autorizaron cuatro mil 900 millones de pesos para el Conaculta, el plan es que en 2011 sean apenas dos mil 800 millones 84 mil 732 pesos. Esto es, incluso, menos de lo invertido sólo en los festejos del Bicentenario, cuya nula repercusión ya se conoce.

El fondo de ambas notas es exactamente el mismo: entender la cultura —con todas las vaguedades a que da lugar el término— como un gasto y no como una inversión económica y social. Siempre que en México se habla de recortes, son dos las fuentes inagotables de las que se echa mano: la educación y la cultura. Los tres niveles de gobierno prefieren salvar primero la burocracia antes que blindar a sus dependencias educativas y culturales. ¿Faltan recursos porque el petróleo siempre no costó lo que iba a costar? Que se jodan las universidades. ¿Un plan de austeridad? Claro, siempre y cuando pase por el Conaculta, el INBA y el Imcine. El problema es que lo que hace la mano hace la tras. Y si el gobierno federal está planeando este recorte, ya podemos prever lo que pasará por estos rumbos: para muestra, el conflicto UdeG versus Gonzalitos.

¿Por qué abrí con la anécdota colombiana? Ahora que tanto se habla de que el país se está colombianizando —gracias sean dadas a la guerra calderónica contra el narco—, quizá sería necesario revisar el caso de aquel país y apelar a la otra colombianización: una que apueste por la cultura y la educación para revertir la violencia que carcome y corroe al país desde hace tanto tiempo. ¿Por qué no invertir en bibliotecas barriales, apoyar a los artistas para que lleguen a las zonas marginales de las ciudades, crear orquestas con niños y jóvenes, mejorar las condiciones educativas que luego sirvan para mejorar las condiciones laborales? ¿De verdad es imposible? Claro que lo es: más allá del papel y del discurso fácil, a la clase política no le interesa en lo más mínimo hacerlo. Cierto: los problemas no han acabado en Colombia ni las FARC desaparecido. Pero algo han logrado.

¿Para qué quiere Calderón más recursos? La respuesta es sencilla: para su guerra, que no la nuestra. Que haga lo que quiera, pero creo que es tiempo de darle lugar a la otra colombianización. Porque, parafraseando a la funcionaria colombiana, el mundo entero ya está conociendo —y de más— el México sangriento.

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