Los discursos de Calderón

La nueva estrategia de Calderón: rezarle al angelito de la guarda

Ayer, Felipe Calderón salió inspirado. O al menos así lo hizo quien le escribió los discursos y le sopló las intervenciones que realizó. Como sea, el presidente de la República se aventó unas declaraciones que nos dan una idea de ese maravilloso lugar en el que habita, mundo mágico en el que se ve a sí mismo como poderoso “comandante supremo” de unas fuerzas armadas eficientes y bien aceitadas, que libran una lucha a muerte contra unos malos-malotes-malototes, lucha que, qué caray, van ganando sin lugar a dudas.

Por la mañana, en una convivencia con militares de Mexicali, Calderón Hinojosa profirió un discurso eufórico. Algo de lo que dijo: “La presencia del Ejército ha sido, además, enormemente valorada por los mexicanos de hoy […] quienes aplauden a los soldados de México avanzar por las calles en defensa de su seguridad, su libertad y sus familias”; “Con sus acciones, que están a la vista de todos […], hacen patente que la fuerza del Estado, representada entre otras cosas en sus fuerzas armadas”; “Ellos son héroes y como tales merecen nuestro respeto, nuestra gratitud, admiración, porque han ofrendado su vida por la patria y por salvaguardar la seguridad de nuestras familias”; “Como comandante supremo los instruyo a que sigan empeñando su disciplina, talento, valor, coraje y su gran amor por México, para que este país sea la patria grande que está llamada a ser”. Y así.

Me pregunto si entre los hechos a los que se refiere Felipe Calderón también se encuentran los civiles que han sido victimados por el Ejército, ya sea por una “confusión” o porque no se detuvieron en un retén y fueron castigados con balas. Me pregunto dónde ha visto Calderón a la gente aplaudiendo a los soldados a su paso. Al menos por los comentarios que he escuchado en distintos momentos y lugares, la gente más bien siente zozobra de ver a los guachos en las calles. Más que seguridad, existe miedo: de que les de la loquera y comiencen a disparar, de quedar en medio de un fuego cruzado. No sé ustedes, imaginarios lectores, pero yo no aplaudo cuando veo soldados en la calle.

Después, por la tarde, en los mentados Diálogos por la Seguridad, Calderón Hinojosa señaló: “Puede haber desde luego momentos todavía muy tensos y los hay; puede haber momentos de golpes a la ciudadanía […] Los va a haber seguramente, la clave es perseverar”. Y me imagino que debe ser muy fácil perseverar cuando se cuenta con la protección del Estado Mayor Presidencial detrás y, caiga quien caiga, no va a ser él quien pierda la vida.

Mientras nos toca padecer las consecuencias de la guerra del “comandante supremo”, poco a poco se ha ido diluyendo el tema de la legalización de las drogas en México. Ni siquiera la fallida legalización en California motivó a un debate serio: a lo más que se limitaron las autoridades mexicanas fue a cruzar los dedos para que no se pintara de verde el Norte. Y les salió.

Un lector una vez me acusó de ser una persona sin valores por decir que estoy a favor de la legalización de las drogas. Debe ser. El caso es que el tema debería de considerarse: repasar, sin moralismos hipócritas, los pros y contras de la medida; plantear una reforma educativa integral que incluya el tema de las adicciones; diseñar una política hacendaria para sacarle jugo a esa legalización. En fin. Nadie dijo que fuera fácil, pero descartarlo nomás porque las drogas son del diablo…

En fin. El caso es que Felipe Calderón salió inspirado ayer.

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