Se fue el bloqueo, ¿qué sigue?

Y llegó el bloqueo de calles. Y se fue el bloqueo de calles. ¿Se acabó el mundo? No. ¿Se desquició la ciudad? Quizá un poco, casi nada: el desquiciamiento es habitual en las calles de la ciudad con o sin bloqueos. ¿El gobierno estatal entregará los recursos que exige la UdeG? La respuesta es más que obvia: no. Así, transcurrió prácticamente casi como si nada pasara lo que algunos apocalípticos vaticinaban como una mañana caótica en la que los ciudadanos de a pie —y de a camión y demás— sufrirían a causa de las protestas de la UdeG. Llegó el bloqueo, se fue el bloqueo y la vida sigue.

¿Quién ganó con la acción de ayer? Imposible saberlo. Es más fácil decir quién perdió: sin querer, la máxima casa de estudios del estado se propinó, ella sola, un gancho al hígado. Hasta el momento, quizá los más afectados con las protestas de la universidad habían sido los vecinos de Casa Jalisco, que ya incorporaron a su rutina del día la protesta respectiva de la prepa o centro universitario en turno. La imagen de la UdeG había sacado incluso buenos dividendos de la mega marcha de hace una semanas, esa que sí desquició una buena parte de la ciudad por mucho más de cinco minutos. Pero de lo de ayer no salió tan bien librada.

Según la percepción de mucha gente, la UdeG está errando el camino. Y es que una cosa es marchar un día y demostrar que son un titipuchal de afectados por la cerrazón del gobierno encabezado por Emilio González Márquez, y otra muy distinta aparecerse por toda la ciudad y disponer del tiempo ajeno arbitrariamente. No quiero saber la opinión que tiene el conductor que presuntamente fue linchado por los estudiantes que tuvieron a su cargo el bloqueo en R. Michel y Salvador López Chávez o el chofer del camión secuestrado —también presuntamente, claro— allá por la plaza de la Bandera. Por “mínimos” que se quieran ver ambos casos, a diferencia de la citada mega marcha ahora no se puede presumir el impecable buen comportamiento de los universitarios.

Y llegaron los bloqueos y se fueron. ¿Qué sigue? Sólo la UdeG lo sabe, porque para González Márquez debe estar claro que no puede dar marcha atrás: ceder ahora sería mostrar debilidad, y nadie quiere aparecer como débil de cara a 2012. Aunque ya sabemos que las debilidades del gobernador son muchas y diversas, se va a aferrar en esta pelea que le está saliendo medianamente bien: la imagen de la universidad está comenzando a desgastarse. Tanto, que cada vez son más las voces que señalan la incongruencia: el discurso dice que no hay recursos, pero siguen los spots, se mandan a hacer lonas, se rentan camiones para trasladar quejosos. Y qué decir de la percepción de que los alumnos van por la pachanga o simplemente porque no quieren ver afectadas sus calificaciones.

Si es justa o no su lucha, si tienen razón o no, sólo el tiempo lo dirá. Para lo que ya no hay tiempo es para que la UdeG se siente y definan bien su estrategia o, de lo contrario, seguirán bajando sus bonos en la sociedad. Por lo pronto, los bloqueos ya se fueron. Vamos a ver qué sigue.

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