La encrucijada WikiLeaks

Lo de hoy: la filtración, la computadora, el periódico, el mensajero...

Julian Assange. El nombre se ha repetido hasta el cansancio. Se trata nada más y nada menos que del héroe del momento. O del villano: todo depende del cristal con que se mire. El fundador del WikiLeaks se encuentra en el ojo del huracán, ese sitio de relativa calma que está rodeado del caos. A su alrededor giran por igual sus detractores —encabezados por el gobierno de Estados Unidos—, y sus nuevos defensores, un grupo de piratas cibernéticos que, organizados en la “Operación Vengar a Assange”, están librando una batalla en la que no se disparan balas pero que puede resultar muy costosa.

2010 ha sido un año clave para la información por Internet. Este año herramientas como Facebook y Twitter se convirtieron una y otra vez en materia de debate sobre su utilidad como medio de información. La gente está cansada de sólo consumir noticias: ahora quiere producirlas y darlas a conocer. La guerra contra el narco encontró en las redes sociales un espacio para debatirse más allá de los pocos lugares que otorgan los medios masivos de comunicación, y la gente les está sacando provecho. Bitácoras como El blog del narco y la polémica que gira en torno a ellas se convirtieron en fuentes de referencia para mucha agente. Y ahora WikiLeaks.

La iniciativa de Julian Assange de ventilar a través de su sitio filtraciones y documentos confidenciales ha causado polémica. Y también muchos dilemas. Ya se ha dicho en repetidas ocasiones que no se le puede acusar de espionaje, porque no se trata de información obtenida ilegalmente: toda llegó a sus manos y él sólo la publicó. Al menos eso nos han dicho. Aquí en México sabemos mucho de eso: los videoescándalos y audioescándalos han curtido nuestros ánimos, sin que a la fecha se haya debatido sobre la legalidad o ilegalidad de las filtraciones. Aparecen y ya. Pienso, por ejemplo, que nadie emprendió una persecución contra Federico Döring por llevar los videos de René Bejarano a El Mañanero, o contra Joaquín López-Dóriga por transmitir los audios de Mario El Precioso Marín. La cosa es a Estados Unidos no les cayó muy en gracia el asunto de WikiLeaks y su reacción ha sido virulenta: buscó, persiguió y ahora quiere ejecutar.

El caso WikiLeaks viene a poner en una encrucijada —otra más— a los medios de comunicación y quienes trabajamos en ellos. ¿Hay que convertirse en un medio de filtraciones? ¿Basta el audio o el video para dar la nota? ¿Dónde queda la investigación? ¿El contraste de información? El problema es que para investigar hay que invertir tiempo, recurso que muchos periodistas tienen ocupado en cubrir dos o tres plazas en diferentes medios para poder sobrevivir. Ya lo dijo Javier Darío Restrepo, sintetizado así por Ricardo Salazar la semana pasada: “La tendencia es contratar personal que haga más trabajo por menos dinero, maquiladores de notas que no son periodistas, porque los periodistas no se conforman con contar: deben explicarse y explicar. Es un trabajo de inteligencia que debe ser lo suficientemente remunerado para que el periodista tenga satisfechas sus necesidades mínimas; no se puede hacer periodismo de calidad, si se está pensando en qué darle de comer a la familia o cómo subsistir la quincena”. Pero está muy, muy lejos de ser realidad.

Vamos a ver en qué termina la historia de Julian Assange, personaje que, por lo pronto, ya se convirtió en un mártir de la información. Iba a escribir virgen y mártir, pero queda claro que lo primero no aplica: le gusta ponerle sin condón. Y por eso lo agarraron.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s