Hablar de amor en el Metro

Un viejo refrán mexicanote dice que nadie puede hablar del amor si no se ha subido al Metro. La frase en cuestión no tiene albur escondido: se refiere al Metro de la Ciudad de México, famoso por sus apretujamientos que luego degeneran en monoseos a granel a las partes traseras de las señoritas (en español: nunca falta el gañán nalguendo muchachas a diestra y siniestra) o practicando acercamientos de segundo tipo (léase: repegando el charal aquí, allá y acullá).

Pues bien, estos usuarios del Metro en Viena pueden hablar del amor largo y tendido: para evitar que un gañán nalgueara o le repegara el camarón a su mujer, el protagonista decidió follársela en pleno vagón. Suponemos que fue de común acuerdo, ya que si bien se alcanzan a ver forcejeos, no tienen carácter defensivo sino receptivo. ¿Pena? Quizá, pero se la aguantaron. ¿Consecuencias? Ninguna, al parecer: la operadora del Metro se limitó a decir: “Bueno, nadie se ha quejado. Parece que es la primera vez que ha sido filmado en uno de nuestros trenes”. Y así.

Aquí la evidencia:

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