Pues llegó 2011

Y todo sigue igual: el puente Atarantado no se ha concluido, aunque dicen que ya merito; el del Álamo sigue ahí, incomprensible para quien lo vea por donde lo vea; la nata de contaminación flota sobre Guadalajara, densa y dañina: quien vea la zona metropolitana desde el cerro del Tapatío sentirá unas ganas de vomitar, sabiendo que el camino conduce directamente a las entrañas de esa nata. Ahí están también los baches, las calles que no sirven, el transporte público ineficiente —aunque ya hace un año que subieron la tarifa—, el tráfico colapsado. Es más: hasta la balacera permanece. Si no fuera porque en lugar de 0 ahora hay un 1, uno juraría que seguimos en 2010.

Pero no, ya llegó 2011. Un año, dicen, que será trascendente para Jalisco. O al menos eso quieren hacernos creer nuestros optimistas gobernantes. El argumento, ya se sabe, es deportivo: en la segunda mitad del año tendrán lugar los Juegos Panamericanos. Si el año pasado nos repitieron hasta la náusea el asunto del Bicentenario y el Centenario, para los jaliscienses este año la penitencia será pa-panemericana. Pero, como para casi todo, el gobierno estatal se está viendo lento: más allá de una pega de calcas en taxis —pegatinas horribles y disfuncionales que tapan casi todo el cristal trasero de los autos—, poco o nada se ha visto de esas “campañas de socialización” para que la gente se vaya identificando con los juegos.

Y si no hay “campañas de socialización”, tampoco hay obras: no se qué opinen los imaginarios lectores de este rincón, pero al que redacta le dan penita —y no escribo asquito porque ese ya lo patentó González Márquez— las calles de la ciudad. Como con los festejos del año pasado, parece que el gobierno está confiado en que tiene tiempo (y seguro tiene: sólo esperan a que se les venga encima). Pero ya sabemos que siempre que se encarga una obra pública hay que dar dos (o tres o cuatro o cinco) meses de prórroga, porque aquí nunca se termina nada a tiempo. O más mejor, ni se termina: dos ejemplos: el “remozamiento” del centro sigue teniendo pinta de inacabado, no se diga la avenida Juárez-Vallarta; o los Arcos del Milenio, a los que ya hace rato les tunnearon la glorieta como pretendiendo que, a fuerza de verla bonita, se nos olvide que todavía faltan dos arcotes por concluir.

Pero 2011 es el año trascendente para Jalisco. Vamos a ver de cuántos excesos es capaz Emilio González Márquez —Vía Express incluida— con tal de vender la idea de que es un candidato serio —¿en serio?— para el blanquiazul de cara a 2012; vamos a ver cómo se sigue haciendo bolas Aristóteles Sandoval con la administración de Guadalajara, mientras Enrique Alfaro sigue haciendo lo propio en Tlajomulco, ambos también con la mira puesta en 2012. Y no olvidemos a Fernando Guzmán Pérez-Peláez. La diversión está garantizada.

El caso es que ya llegó 2011. Y seguramente lo vamos a sufrir, aunque quieran decirnos lo contrario.

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