Y la dejaron ir…

Aspecto general de las obras del Puente de Aris, otro proyecto en honor al automóvil

No me gusta el estilo de narrar de Enrique Bermúdez. La cantidad de palabrejas y apodos que dispara en cada partido cansa los oídos de cualquiera. Sin embargo, al leer las declaraciones que hizo la semana pasada Mauricio Gudiño, secretario de Servicios Municipales de Guadalajara, no puedo evitar pensar en esa frase del también llamado Perro: “La tuvo, era suya… y la dejó ir”. Y es que resulta que una vez terminados los trabajos de repavimentación, las calles de Guadalajara seguirán como hasta ahora: siendo territorio exclusivo de su majestad, el automóvil.

Los Juegos Panamericanos, ya a la vuelta de la esquina, se han venido convirtiendo en un dolor de cabeza para las autoridades y para los ciudadanos. Lejos, muy lejos, quedó la idea de que se trataban de una fiesta. Y todo por las malas decisiones de nuestros gobernantes. Pudiendo ponerse a trabajar con calma, postergaron —a saber a razón de qué intereses— la construcción de la Villa Panamericana. Luego le cambiaron de sede, dejando desolados y en ruinas los alrededores del Parque Morelos. Con mucho tiempo por delante, dejaron para el final el remozamiento de la ciudad; ahora que lo tienen encima, les dio por repavimentar al mismo tiempo avenidas indispensables para miles de automovilistas. La limpieza llegó, dirían las abuelas, nomás por donde ve la suegra —o, en este caso, los turistas y atletas que llenarán la ciudad en octubre. Los ciudadanos pagan la factura.

Mauricio Gudiño se puso sincero y vino a decir que ni modo, que las repavimentaciones de Ávila Camacho y Washington no incluyen ciclovía. ¿La causa? La de siempre: faltan estudios (y cuando no faltan estudios, faltan proyectos; y cuando no faltan proyectos, faltan recursos. Y así ad infinitum.) Una vez más, tuvieron la oportunidad de sentarse y pensar; fue suyo el momento de cambiar la dinámica de la ciudad, abrirse a otras propuestas, comenzar a replantear lo que se quiere para la urbe. Y lo dejaron ir.

Colectivos y activistas alzan ya la voz y advierten: “Si no la hacen ustedes, la vamos a hacer nosotros. Pero la ciclovía va”. Ya lo hicieron dos veces. Y lo volverán a hacer. Porque ellos no necesitan tantos proyectos ejecutivos, sólo voluntad para hacer las cosas. Algo que a los políticos les tiene sin cuidado: no les interesan ni la ciudad ni sus habitantes. Y en esto no importa el color del partido que ostente el poder: al final, todos terminan sirviendo pan con lo mismo. Aristóteles y su administración tuvieron la oportunidad de hacer otra cosa. Pero ya hicieron oídos sordos con el puente de Ávila Camacho y Circunvalación, ahora con las ciclovías. La tuvieron, fue suya. Y la dejaron ir.

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Un comentario en “Y la dejaron ir…

  1. Yo casi a diario paso por eso jodido puente y por circunvalación washington, y no puedo más que lamentarme. Obras tan lejanas de lo “Versallesco”.

    P.D. A mi tampoco me gustan las narraciones del perro, y para uno que le gusta entrarle con singular alegría al FIFA en el playstation, a la larga se vuelve una tortura.

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