Y sí… en Guadalajara fue

Buscamos y buscamos una foto decente del concierto que aquí se describe. No hubo. Les dejamos la portada del único disco que grabó El Personal

Para conocer, digamos, una ciudad y a sus pobladores, basta escucharlos hablar un poco. Y quién ponga atención a los tapatíos seguramente escuchará, en algún momento, una expresión que es casi intraducible: sabe qué modo. Se usa, por lo general, para calificar esas cosas que no tienen calificativo. Así, para describir el concierto inaugural de la primera edición de la Feria Internacional de la Música Guadalajara 2011, es menester recurrir a esa expresión: fue un concierto sabe qué modo que tuvo de todo: autoridades abucheadas, un ritual wixárika (huichol), una banda cuyo vocalista y símbolo murió en 1992, invitados especiales, cantantes que leían las letras de las canciones y un público que se pasó más de la mitad de la presentación sentado en los cómodos sillones del teatro Diana y que, no obstante, disfrutó de la velada que, a manera de homenaje, llevaba por título En Guadalajara fue.

La cosa no empezó del todo bien: la ceremonia inaugural anunciada para las 20:00 horas comenzó con casi 40 minutos de retraso. Eso contribuyó, de alguna manera, a que la ceremonia inaugural comenzara con teatro casi lleno. Pero también contribuyó a que se oyeran más fuertes los abucheos para los funcionarios de la Universidad de Guadalajara y el Ayuntamiento de Guadalajara que encabezaron el protocolo. Para ocultar un poco los silbidos, el maestro de ceremonias hizo una presentación carrereada que dio pie a un también carrereado discurso del rector de la Universidad de Guadalajara, Marco Antonio Cortés Guardado, quien se limitó a dar la bienvenida a los participantes y a declarar sus parabienes a la feria naciente.

Luego, en una actividad que desconcertó a la mayoría de los asistentes, vino una ceremonia wixárika a cargo del grupo ceremonial Haayukaárita/Taateikíe. Después de consagrar a los cuatro puntos cardinales el escenario, el dueto huichol interpretó tres canciones tradicionales. La atención del público se mantuvo en la primera, se convirtió en cuchicheo en la segunda y terminó como pachanga en la tercera. La gente estaba impaciente por volver a escuchar a El Personal, legendaria banda que tuvo su momento de gloria a finales de los años ochenta. Y el momento llegó.

Al escenario entraron Alfredo Sánchez, Andrés Haro, Gustavo Orozco, César Maliandi, Emiliano Huerta y Daniel Kitroser. Aunque la primera canción fue “Centerfold Blues” —ejecutada de manera titubeante al principio—, el concierto comenzó como tal con uno de los clásicos de la banda: “Niño déjese ahí”. De inmediato se echó de ver lo que faltaba: la voz de Julio Haro, el vocalista original de la banda y que murió en 1992. César Maliandi hizo un esfuerzo en un principio, para luego ceder su lugar a los invitados especiales. No obstante, el primero no llegó a cantar: Sax, de Maldita Vecindad, apareció en el escenario para tocar su instrumento. O al menos para intentarlo: en “No te hagas” no hubo micrófono que hiciera oír el saxofón, error que se vio compensado en “Qué más te da”, que contó con la participación de Ugo Rodríguez y Pilar Reyes.

Vino un danzón, y luego la también célebre “El Menjurje”, con músicos de La Revolución de Emiliano Zapata. Ya estaba bastante avanzado el concierto y la gente seguía sentada. Tuvo que aparecer Rubén Albarrán para cantar “El último camión” y “Dale de comer al conejito” para poner al público de pie —pero no a todo— y encender el concierto. Y la euforia continuó: la aguardentosa voz de Jaime López, en las antípodas de la gangosa y atiplada voz de Julio Haro, le puso su toque a “No me hallo”, cuya ejecución hubiera sido perfecta si el tamaulipeco no hubiera tenido que leer, eso sí discretamente, la letra de la canción. En el mismo tenor se mantuvo “Nosotros somos los marranos”, que salió del ronco pecho de José Fors y fue uno de los temas más coreados de la noche.

La recta final del concierto había llegado. Ugo Rodríguez regresó para cantar el son “Quisiera tener unas nalgotas” y luego cedió el micrófono a otra figura emblemática del rock tapatío: Gerardo Enciso quien, al igual que Jaime López, tuvo que recurrir a un acordeón para cantar “La tapatía” y “Broche de oro”, que sirvió para cerrar el concierto.

Como encore, un estreno: “A los que ya no están”, dedicada a Julio Haro, Pedro Fernández y Lalito Parra. El cierre definitivo lo presentó Alfredo Sánchez: “Coincidirán que este concierto fue auténticamente un mugrero”, dijo el músico para que la banda cerrara, precisamente, con “Qué mugrero”.

Pero la gente, difícilmente, diría que el concierto fue un mugrero. En todo caso, para recurrir a ese extraño calificativo tan tapatío, solamente dirán que fue un concierto sabe qué modo. Al fin y al cabo, en Guadalajara fue.

Este texto se publicó originalmente en la versión web de El Economista.
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