Un cuento de Fonseca, o algo muy parecido

Para nadie es un secreto: en este espacio somos harto fans de Rubem Fonseca. Las novelas y los cuentos del narrador brasileño están entre nuestros libros de cabecera (lugar común por donde se vea, ya que no tenemos cabecera) y siempre que podemos hablar bien de él, pues lo hacemos. Sin embargo, este post no va de Rubem Fonseca, si no de una historia que parece sacada de sus páginas y que tuvo como escenario la patria del autor de El gran arte.

Para empezar, tenemos a María Nilza Simoes. Esta mujer estaba casada, pero no felizmente: sospechaba que su marido andaba de coscolino nada más y nada menos que con Iranildes Aguiar Araujo (y ya sabemos que los brasileños se pintan solos para poner nombres incomprensibles). ¿Qué hizo la señora Nilza? Fue a buscar los servicios de Carlos Roberto de Jesús.  Pero no piensen que buscó venganza satisfaciendo la carne con el señor De Jesús. No. En lugar de eso, le dio 530 dólares para que se encargara de matar a Iranildes y acabar, así, con la aventura del marido.

Y allá va Carlos Roberto, dispuesto a matar a la pécora mujer. Y que la encuentra… y que se enamora. Y ya todo mundo sabe qué pasa cuando uno se enamora: se apendeja. Entonces decidió mandar al carajo el encargo. Pero como no quería que su buen nombre de matón quedara en entredicho, elaboró, junto con Iranildes, un plan: fingieron la muerte de ésta para que Nilza pensara que se había cumplido la misión. Así pues, le enviaron esta foto:

Mujer bañada en salsa de tomate con machete en axila

Hasta ahí, todo bien. Nilza pensó que ya no había amante y Carlos Roberto e Iranildes decidieron darle rienda suelta a su naciente amor. Y en esas estaban, hasta que la Patrona vio a la feliz pareja besuquándose en la calle. Indignada, fue y denunció ante la policía a De Jesús por haberle “robado” mil dólares. Y bueno, ya en las investigaciones salieron todos los detalles de la historia: que Carlos Roberto bañó a Iranildes con dos botes de salsa de tomate, le puso un machete en la axila, pero sin encajárselo, tomó la foto y engaño a Nilza. (Risas grabadas)

¿A poco no parece un cuento de Fonseca? Si han leído al señor, coincidirán con nosotros en que sí, sí parece. Si no han leído nada del maestro, entonces dejen de leer esto y hagan algo más provechoso: busquen uno de sus libros  y pónganse a leer.

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