Zaikocirco lo hizo de nuevo

Hace un par de años, reseñamos en este mismo espacio la presentación del espectáculo Zaikocirco: Opa! a cargo del combo integrado por las compañías Luna Morena, taller experimental de títeres, y Les Cabaret Capricho, colectivo de artisas circenses que si algo sabe hacer bien es echar maromas.

Foto general de la función. Están madreadas porque estábamos lejos y las tomamos a escondidas.

Pues bien, ahí tienen ustedes que el Zaikocirco se metió al teatro Diana para ofrecer una función más de Opa! Mitoteros que somos, fuimos a asomarnos para ver qué tal, cómo respondía la gente, cómo había cambiado el espectáculo. En fin, para hacernos más llevadera la tarde del domingo. Y salimos satisfechos.

Para empezar, resultó sorprendente la cantidad de público que se dio cita en el teatro Diana. Y no es que dudáramos de la calidad del espectáculo, que estaba sobradamente garantizada, sino de la abulia de los tapatíos. Pero no hubo tal y el caso es que cerca de dos mil personas se encargaron de hacer una más que generosa entrada en el recinto, que pudo presumir así de un lleno dominical.

Otra foto igual de madreada

Ya en lo que tiene que ver con el espectáculo, se puede decir que fue un aquelare que sólo tuvo un elemento en su proceso: clímax. Y es que todavía no terminaba de entrar la gente al teatro cuando la música del Zaikocirco ya había comenzado a sonar, convirtiendo el interior del recinto en una fiesta con una música impecablemente sonorizada por aquí, unos cirqueros haciendo malabares por allá y unos zanqueros con marionetas de verdad (el sueño dorado de Pinocho hecho realidad, con hilos incluidos) más allá.

No bien terminó el número inicial, comenzaron las artes circenses: la chica que se contorsiona logrando ángulos imposibles con su cuerpo, que se sostiene de un aro que cuelga tres metros arriba del escenario; el acróbata que gira y gira retando a la gravedad trepado en un aro gigante; una chica voladora que hace piruetas y marometas sostenida en el aire por dos grandes ligas; el equilibrista que domina la cuerda floja primero con los pies, luego con un aro y finalmente con un monociclo; los malabaristas que hacen volar pelotas y pinos… un circo lleno de color acompañado con la música de fondo ejecutada por la Orquesta Zaikocirco. Un verdadero combo de estímulos para deleite de niños y grandes, que por espacio de poco más de una hora vieron rotas las barreras generacionales y se divirtieron por igual.

Una foto no tan madreada

Para el anecdotario queda el caso de alguien a quien llamaremos El Valiente: invitado “espontáneamente” para uno de los números del espectáculo (que si en algo abunda es en interacción con el público), El Valiente subió al escenario e hizo un par de saltos mortales a través de un aro. Luego, siempre “espontáneamente”, subió al escenario La Muchacha. Entonces, el primero hizo el salto mortal más peligroso de su vida: delante de los músicos, los cirqueros y dos mil almas, le pidió matrimonio. Luego de besuquearse, se dieron el sí y todos aplaudieron.

Para no perder la costumbre, el colofón del espectáculo tuvo lugar en la explanada del Diana, donde músicos, cirqueros, zanqueros y marionetas convivieron con la gente, se dejaron tomar fotos y recibieron un buen baño de pueblo que, sin duda, los dejará bien encendidos para lo que viene: Zaikabaret Apokalíptiko, que estrenará temporada los jueves y viernes en el teatro Guadalajara del IMSS.

Pero de eso, ya les contaremos después.

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