Código Rojo

Ayer, jueves 6 de septiembre, Guadalajara vivió una jornada de incertidumbre: cerca del mediodía, el Ejército y la Policía Federal –eso dijeron al principio, aunque en las noticias sólo se veían elementos verdes– realizaron un operativo en la colonia Providencia, más específicamente en la calle Nelson. Poco después se supo que el operativo también incluía el fraccionamiento Valle Real. En este rincón, como somos huevones  y nomás nos gusta estar pegados a la computadora, nos enteramos del desmadre en Twitter. Todos muy bien, cuidando la histeria, tratando de tuitear responsablemente –lo que sea que esto signifique. Hasta que llegó Emilio González Márquez y agarró su celular y tuiteó:

¿A poco no son fans de la cara de imbécil de Emily en su avatar de Twitter?

Y entonces sí, se armó la pachanga: nadie supo qué chingados querían decir con el mentado Código Rojo. El siguiente tuit de Emily  tampoco fue revelador –ni el que le siguió ni ninguno:

Un tuit esclarecedor, sin duda.

En teoría, y sólo hasta donde sabemos o pudimos entender (ya saben que aquí somos medio retrasados mentales), el Código Rojo no quiere decir otra cosa más que todas las corporaciones policiacas en el estado, de los tres órdenes de gobierno, están “atentas” y compartiendo informaciones. Trabajando en colaboración, que le dicen. O dicho de otro modo, mandándose inboxes por el Facebook o dm’s en Twitter. Nada más. No significa que todos corremos grave peligro o que llegó el Apocalipsis anunciado por los mayas. Al menos, claro, en teoría.

El problema, como siempre, es la tara que tienen nuestros gobernantes para transmitir sus mensajes. Tuvieron que volar muchos tuits para que más o menos nos diéramos una idea de qué estaban hablando las “autoridades” con el mentado Código Rojo y qué podíamos esperar. Al final, no pasó nada. (Y por nada nos referimos a tiroteos, narcobloqueos o cosas por el estilo. Sólo se supo que había cuatro o cinco detenidos presuntamente vinculados con el Cartel Jalisco Nueva Generación.)

¿Por qué tanta apuración de Emilio González Márquez para anunciar el flamante Código Rojo en apenas un tuit y no en una comunicación más eficiente que permitiera despejar dudas y prevenir neurosis? Nadie sabe. Aquí nos suena a que como en los narcobloqueos pasados (el sábado 25 de agosto) nadie salía a dar la cara –y cuando salieron a darla resultó que Luis Carlos Nájera no sabía nada de nada de nada–, ahora lo primero que se les ocurrió fue un “Salgan a decir que estamos en Código Rojo para que la gente piense que estamos haciendo algo”. Y en realidad no estaban haciendo nada efectivo porque, ya se sabe, la paranoia de Felipe Calderón ha degenerado en que el Ejército y la Policía Federal excluyan de toda información de operativos a las policías locales –que porque son corruptas y luego dan pitazos. Y ellos, como el chinito: “Nomás milando”.

Cerramos este post nomás con una pregunta: ¿Cuánto dura activado el Código Rojo? ¿Nos van a avisar cuando se desactive? Como pueden ver, fueron dos y no una pregunta para cerrar. Eso nos pasa por estar posteando tan temprano.

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