Que dijo mi mamá que siempre no…

Hace unas semanas, un pequeño se volvió noticia en Tabasco. A grosso modo, la historia fue ésta: el niño vendía chicles y cigarros en una canastita. Llegó un inspector municipal, lo hizo tirar los dulces al piso, se quedó con los cigarros y se fue. El niño lloró y, sobre todo, despertó el furor en las redes sociales: pocos días después ya habían destituido a dos funcionarios, le habían ofrecido una beca para terminar sus estudios y La Gaviota, Angélica Rivera de Peña, ofreció ponerle una papelería para que ya no estuviera obligado a trabajar.

Pues bien, el lunes salió la nota de que nada de lo prometido había pasado. Y para los que estaban esperando la beca, Arturo Núñez, gobernador de Tabasco, les manda decir que:

“Se analiza otra forma de ayudar al infante para continuar sus estudios, ya que por normatividad, con base en la convocatoria emitida, no procede el otorgamiento de la beca que en su momento se ofreció, debido a que el pequeño no estudia ni vive en Tabasco”

Resulta entonces que lo de la beca nunca fue posible y que Arturo Núñez, como la inmensa mayoría de los políticos de México, sólo hizo una promesa de relumbrón, para salir del apuro.

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